SOLOS ENTRE DOS / Avance 06
AVANCE 06 / DOS PAREJAS / EL APARTAMENTO (actualización)
Dos parejas
Por: Luis Martínez
Era casi medio día, los rayos del sol lamieron el piso durante toda la mañana, poco después amenazaban con lanzarse por la ventana y desaparecer del departamento por el resto del día, en unos minutos el hogar quedó tibio, el astro magno ausente, pegó cenitalmente en el alargado patio. El despertador jodía desde las nueve de la mañana, también tocaron a la puerta, el fijo y el móvil lanzaron su correspondiente alarma, Guillermo los ignoró, se proporcionó el último amanecer en soltería, se quedó largas horas en medio de aquel mar de llamados, el despertador se decidió solito a dejar de funcionar, se hizo el silencio, telón de fondo para unas sábanas blancas y una potente erección. El edificio otorgaba esa sensación de aislamiento, un buen lugar para vivir dentro del hormiguero de acero y concreto plagado de individuos en caos, a lo lejos, muy lejos, se escuchaba el tráfico denso del Paseo de la Reforma, algún patinar de llantas, una ambulancia o patrulla, a la distancia es casi lo mismo, sonidos llegados de la ciudad al oasis Art Noveau donde vivía. Ensimismado pensaba en todo, en nada a la vez, estaba nervioso por la llegada de Carmen, recordó el día en que se conocieron, sin lugar a dudas fueron unas buenas vacaciones en Madrid, un museo fue el punto donde dos seres solitarios se encontraron y fijaron un nuevo destino, esa misma tarde se encerraron en un hotel con la insignia al pecho de la media naranja, salieron de allí hasta muy noche, agotados, satisfechos. Le sorprendió escuchar las canciones de un acto amatorio, gemidos indiscretos que venían de algún lugar del edificio, se paró de la cama, se asomó por la ventana del baño sin descubrir nada, los gritos se hacían cada vez más intensos y sonoros, regresó a la recámara, corrió las cortinas y allí estaban aquellos cantantes con las persianas alzadas, la angosta ventana enmarcó la desnudez de Lina sobre su amante, él debía estar acostado y sobre él las bondades y tersura de esa piel vecina que otros días deseó, los amantes estaban tan entregados que si alguien los veía o escuchaba no les importó, Guillermo al descubrirlos de inmediato se escondió tras el muro, no había necesidad, aquellos parecían estar en el cielo donde no hay ventanas sino espejos. Lina, eres tan bella, -pensó-, se quedó un par de minutos fisgoneando el rito de dos que habían dado el paso de vivir juntos, Lina se lo comentó hace un par de semanas al encontrarse en la zona de vinos del supermercado, no son amigos, son vecinos, hablan sólo al encontrarse en el patio, lo necesario, sin grandes intimidades ni confianzas, al fin y al cabo, así es en esta ciudad nadie confía en nadie. Los mayores de veintisiete que confían terminan viviendo juntos, como Lina y su novio, como Guillermo y Carmen, los cuatro desconfiados citadinos que han unido sus vidas el mismo día en el mismo edificio, con las ventanas de sus recámaras y livings frente a frente. Guillermo lamentó tener que dejar de observar el no tan privado festejo de la nueva pareja, a toda prisa se dirigió al aeropuerto para recibir a Carmen, con quien festejará también, tendrá cuidado de cerrar las cortinas, los fines de semana se descubre mucho de la vida de los habitantes de un edificio.
El apartamento
Por: Guadalupe Neira
Su avión aterrizó con media hora de retraso, le pareció un tiempo eterno desde que descendió por la pasarela, recogió sus maletas y pasó por el detector. Un trámite tras otro y sólo cabía en su mente el momento de encontrarse con Guillermo. No sé dio ni cuenta de cómo le miraban los policías al pasar la frontera. Llevaba un vestido de color vino rosado, de falda acampanada adaptada a su cintura con un estrecho cinturón, un escote en pico que dejaba ver el nacimiento de sus senos y al caminar se podía comprobar la forma de su cuerpo, el movimiento de sus caderas bamboleándose ligeramente, el largo del vestido dejaba ver sus piernas desde un poco más abajo de sus rodillas, le encantaba ese vestido estilo años 60, el cabello castaño claro de un largo medio descendía sobre sus hombros. Sin alhajas que adornasen su cuerpo, tan sólo una pequeña pulsera de plata en su tobillo izquierdo, un anillo en el anular de la mano izquierda y unos pequeños pendientes de zirconita en los lóbulos de sus orejas. Se sentía muy bella, cansada del viaje pero hermosa, de esta manera parte de sus inseguridades se diluían.
- “¡Qué ganas de verlo y comerlo a besos!” - pensaba.
Caminaba con seguridad y sencilla elegancia, un pasillo más y pronto lo vería. Aparecía ante sus ojos y allí estaba sonriéndole, se mantenían la mirada y la sonrisa mientras se acercaban.
Dejó las maletas en el suelo y se abrazó a él, un abrazo que contagiaba la fuerza, la alegría, la pasión y el deseo, el bienestar. Un abrazo que compartían trasladando emociones simultáneamente, sensaciones que recorrían sus cuerpos tan añorados. Se cubrieron de besos las mejillas y la frente hasta que sus labios se encontraron en un beso largo, que llenó sus almas de una mezcla de pasión y calma ante la ansiedad que les produjo no verse y no tocarse en tanto tiempo.
-“¿Cómo te ha resultado el viaje mi vida?”.
- “Largo, muy largo mi bien, llévame a casa, ¿sí?”.
Por: Guadalupe Neira
Su avión aterrizó con media hora de retraso, le pareció un tiempo eterno desde que descendió por la pasarela, recogió sus maletas y pasó por el detector. Un trámite tras otro y sólo cabía en su mente el momento de encontrarse con Guillermo. No sé dio ni cuenta de cómo le miraban los policías al pasar la frontera. Llevaba un vestido de color vino rosado, de falda acampanada adaptada a su cintura con un estrecho cinturón, un escote en pico que dejaba ver el nacimiento de sus senos y al caminar se podía comprobar la forma de su cuerpo, el movimiento de sus caderas bamboleándose ligeramente, el largo del vestido dejaba ver sus piernas desde un poco más abajo de sus rodillas, le encantaba ese vestido estilo años 60, el cabello castaño claro de un largo medio descendía sobre sus hombros. Sin alhajas que adornasen su cuerpo, tan sólo una pequeña pulsera de plata en su tobillo izquierdo, un anillo en el anular de la mano izquierda y unos pequeños pendientes de zirconita en los lóbulos de sus orejas. Se sentía muy bella, cansada del viaje pero hermosa, de esta manera parte de sus inseguridades se diluían.
- “¡Qué ganas de verlo y comerlo a besos!” - pensaba.
Caminaba con seguridad y sencilla elegancia, un pasillo más y pronto lo vería. Aparecía ante sus ojos y allí estaba sonriéndole, se mantenían la mirada y la sonrisa mientras se acercaban.
Dejó las maletas en el suelo y se abrazó a él, un abrazo que contagiaba la fuerza, la alegría, la pasión y el deseo, el bienestar. Un abrazo que compartían trasladando emociones simultáneamente, sensaciones que recorrían sus cuerpos tan añorados. Se cubrieron de besos las mejillas y la frente hasta que sus labios se encontraron en un beso largo, que llenó sus almas de una mezcla de pasión y calma ante la ansiedad que les produjo no verse y no tocarse en tanto tiempo.
-“¿Cómo te ha resultado el viaje mi vida?”.
- “Largo, muy largo mi bien, llévame a casa, ¿sí?”.
No dejaban de mirarse y hablarse con los ojos. El amor y la pasión se podía leer en sus miradas. Contenían sus impulsos, sus caricias, sus besos en el taxi que los llevaba al apartamento.
En el ascensor, sus labios se buscaron, enlazaron sus lenguas, se recorrieron con las manos.
- “Espera aquí mi vida, acerco las maletas a la habitación y te vengo a buscar para cruzar el umbral contigo en brazos”.
- "No seas bobo romanticón".
-"Te amo mi vida".
- "Yo también te amo Guillermo".
Y un beso los hizo olvidarse de la tradición, sus lenguas se enrollaron entre saliva mientras sus pies tanteaban el camino hasta cruzar la puerta. Entre risas y juegos, ella le quitaba la ropa, mordisqueando la piel que aparecía ante sus ojos. Mientras el vestido color vino rosado resbalaba entre las manos de él y se subía a su antojo para agarrar los glúteos firmes, sin dejar de abrazarse las lenguas entre sus labios, sentían que la excitación iba en aumento.
- "Te amo Guillermo, no esperemos más... fóllame".
- "Cielo, me pones a mil...eres divina, tanta ternura y destreza a la vez, me enciendes, te amo, te amo...te amo."
En el ascensor, sus labios se buscaron, enlazaron sus lenguas, se recorrieron con las manos.
- “Espera aquí mi vida, acerco las maletas a la habitación y te vengo a buscar para cruzar el umbral contigo en brazos”.
- "No seas bobo romanticón".
-"Te amo mi vida".
- "Yo también te amo Guillermo".
Y un beso los hizo olvidarse de la tradición, sus lenguas se enrollaron entre saliva mientras sus pies tanteaban el camino hasta cruzar la puerta. Entre risas y juegos, ella le quitaba la ropa, mordisqueando la piel que aparecía ante sus ojos. Mientras el vestido color vino rosado resbalaba entre las manos de él y se subía a su antojo para agarrar los glúteos firmes, sin dejar de abrazarse las lenguas entre sus labios, sentían que la excitación iba en aumento.
- "Te amo Guillermo, no esperemos más... fóllame".
- "Cielo, me pones a mil...eres divina, tanta ternura y destreza a la vez, me enciendes, te amo, te amo...te amo."
